domingo, 15 de marzo de 2015

¿Qué necesitan niños y adolescentes de los adultos hoy?



Hola Chicos y Chicas: 
Quiero compartir con ustedes un artículo del Magister en Psicología de la UBA  Fernando Onetto. 
Escribe acerca del rol que tenemos los adultos en la sociedad de hoy. 
Espero que le den una leída y puedan criticarlo para que entre todos aprendamos.
Sandra






¿Qué necesitan niños y adolescentes de los adultos hoy?
El rol adulto y los límites
Hay una opinión generalizada sobre la deserción adulta. Sin embargo, queda mucho para analizar ¿Hay un solo modelo de adultez? ¿Es posible y deseable volver al adulto de ayer en la familia y en la escuela? Sin un adulto a su lado como  el niño no tiene una base para apoyarse.
La mirada acusatoria sobre los adultos actuales se queda fijada en su dificultad para poner límites a las emociones negativas de los niños y los jóvenes y a las conductas a las que empuja.
Existen instituciones educativas que han encontrados formas nuevas de tener un encuadre claro de su tarea en sintonía con una sociedad plural y democrático. Este encuadre construido entre todos es también un límite. También en el cuidado de la salud es necesario. ¿Los efectores de salud pueden ayudar a que sus pacientes acepten las reglas y encuentren ellos mismos lo que deberían poner en juego para mantener el equilibrio de la salud? ¿Qué experiencias existen sobre el manejo de pulsiones como la ira en el campo psicológico? ¿Qué caminos promisorios encontraron trabajadores sociales para detener el proceso personal que conduce a las adicciones peligrosas? ¿Y para encontrar los límites que permiten salir de ellas?
El otro, su historia, su personalidad, su identidad histórica no se puede malear a nuestro gusto. La riqueza del intercambio reside paradójicamente en esta “imposición”. Ella nos moviliza, nos invita a la escucha y al crecimiento. La historia no permite encontrar ningún modo de agrupamiento social en el que no existieran fuertes coacciones ¿Por qué las aceptamos? Norbert Elías tiene dos respuestas. La primera dice que la pertenencia a un grupo implica la aceptación de sus reglas. En segundo lugar, los seres humanos somos básicamente interdependientes, esto implica que lleguemos a algún tipo de arreglo, que tiene un costado de imposición, de cesión de poder.

¿Por qué nos cuesta poner límites?
 Una de las razones que a menudo nos dificulta a los adultos el poner límites es la excesiva identificación que construimos con nuestros hijos. No sólo el nuevo concepto de infancia nos permite comprender su lugar en el mundo y ponernos en sus zapatos, damos un paso más adelante y llegamos a usar sus zapatos. Sus alegrías son las nuestras. Su llanto es el nuestro. Su fracasos, éxitos, deseos…Ponerles límites (con el dolor inevitable que les producirá) parece equivaler a ponerNOS límites y sufrir nosotros ese límite. Creemos que aquí podría haber un camino de explicación para entender el famoso tema de “sostener los límites”. Sostener ante el dolor, la protesta, el desafío... no parece muy fácil de hacer".

Antes de cuestionar/nos como adultos intentemos comprender/nos
 El párrafo anterior intenta dar algunas respuestas. Propone que pensemos que la dificultad de la existencia de límites para conductas destructivas en niños y adolescentes tiene un posible lugar de comprensión en el clima de época. Cambiaron tanto las limitaciones de lo aceptable e inaceptable para vivir con otros sobre todo en el hogar pero también en la sociedad, que ya no sabemos si la norma estará bien o si será un hábito arrastrado de épocas pasadas por nosotros que tenemos más historia? ¿Será nuestra “desubicación” histórica la que los enfurece tanto? ¿Será por esto que les duele tanto?
Nos hemos hecho tan próximos a las nuevas generaciones en la crianza y, en ocasiones en la educación escolar, que en una especie de simbiosis no podemos tomar distancia del dolor inevitable que les provoca el necesitar a los otros y al mismo tiempo, rechazar las reglas sociales básicas. 
Los adultos estamos atrapados en ese juego de ponernos firmes en lo que no estamos ciertos, en poner límites que duelen y tener que afrontar nuestro propio dolor al ponerlos.
Mg. Fernando Onetto,


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